Abrí la puerta y soñé despierta

Relatos Cortos

Ayer, casi cuatro años después de no hacerlo, entré a esa “mi casa” que dejé cuando Dios (o el destino, como prefieran decirle) vio pertinente que mis papás y mis hermanos cogieran un rumbo y yo otro.

No creí que fuera a ser tan extraño abrir esa puerta…

Aquella casa “vacía” se tomó sólo dos segundos en estar como hace cuatro años. ¡Qué mágica es la mente!

Las sillas de cuero de la sala estaban ahí, al lado derecho de la entrada, cuando la puerta terminó de abrirse. Al frente, el comedor con sus seis sillas parecía estar esperando compañía. A la izquierda, el mismo sofá de cuadros miraba el televisor y Paco se veía bastante cómodo dormido patas arriba sobre el puf vinotinto. “¡Qué bonito es!”. 

“¿Cómo sería si me estuvieran esperando arriba?”, me pregunté antes de subir las escaleras. Pero no, no podía dañar aquel momento. A veces vale la pena seguir soñando despierto.

Subí las escaleras, parecieron menos. A la derecha una pieza naranjada me dio la bienvenida al segundo piso. Ahí estaba mi hermana escondida detrás de su desorden, sus peluches en la cama y sus cuadernos en el escritorio. Salí de allí y miré al frente. Había otra pieza, la mía. Adentro estaba mi baño, mi closet y mi cama nueva con su colcha azul y verde.

Al fondo del corredor, la pieza de mis papás estaba igual que siempre: llena de papeles y papelitos hasta en la cama. En la pantalla de aquel televisor, Federer corría de lado a lado persiguiendo la misma bola amarilla que hacía correr a Nadal al otro lado de la malla, en la otra mitad de la cancha. El espejo del baño estaba empañado y hasta el closet salía el vapor del agua de la ducha.

Sólo me faltaba una. La dejé de última porque la puerta estaba cerrada cuando subí. Sobre la cama con tendido gris no había nadie. Seguí caminando, pasé el patio y allí, en la biblioteca, pude ver a mi hermano “cuadriculado” -como diría mi mamá- en el computador. Ni se inmutó cuando entré. “Ahí está pintado”, pensé.

Yo sabía que sí era posible soñar despierto. Lo que no sabía es que es imposible que un lugar que ha estado alguna vez lleno, esté luego, de repente, “vacío”.

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