Me pido perdón

Poesía

Perdonarnos a nosotras(os) mismas(os) es tan importante como perdonar a los demás. Es parte de nuestra liberación, de nuestra transformación. Por eso, me propuse hacer una lista con todas las cosas por las que quiero perdonarme. Seguramente se me escapó alguna y muy probablemente tendré que volver a pedirme perdón por lo mismo dentro de un mes, pero siempre hay un primer paso. Y el mío es este.

Me pido perdón

Por escuchar mi intuición y no hacerle caso -que es peor que no escucharla-,
por serle infiel a mi instinto salvaje -o sea a mí misma-,
por dudar del amor sólo porque he estado herida
y por tomar decisiones placenteras cuando sé que debo tomar decisiones inteligentes.

Me pido perdón por meterme bajo mi piel por temor a ser encontrada,
por no esquivar las trampas cuando las identifico,
por mi ingenua ingenuidad
y por las veces que no he sido capaz de ver lo bonita que es mi (la) vida.

Me pido perdón por no celebrar mis pequeños triunfos,
por culparme por mis desaciertos,
por cometer el mismo error no dos veces, sino tres,
y por no agradecer los golpes que me regala la vida para crecer.

Me pido perdón por las cosas que dejé de hacer por temor al “qué dirán”,
por haber intentado ser quien no era,
por dudar de mis capacidades
y por no escuchar mi cuerpo y lesionarlo.

Me pido perdón por las lágrimas que no me he permitido soltar y se han quedado oxidándome por dentro,
por los besos que no di cuando quise y los que di cuando no debí,
por el amor que no he hecho
y por el amor que no he sido.

Me pido perdón.

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Un poco de eso

Opinión, Poesía

Alguien me preguntó por qué siendo una persona tan alegre escribo cosas “tan tristes”.

“¿Me define lo que escribo?”, pensé.

Hoy me (te) respondo:

No soy sólo lo que escribo. Ni lo que callo. Ni lo que grito. Ni lo que vivo.

No soy la melancolía que me abraza tantas noches. Ni la nostalgia que me dan las montañas. Ni la niña que se siente perdida. Ni la mujer que camina, rota.

No soy las carcajadas en el suelo. Ni los abrazos en los que duermo. Ni los besos que (no) doy. Ni las victorias que celebro.

No soy mis suspiros. Ni mis lágrimas. Ni mi risa. Ni mi fuerza.

Soy todo eso.
Nada de eso.
Un poco de eso.

Y no quiero ser de otra forma.

Sigo

Poesía

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez,
que ya no recordaba qué era sentir un pozo lleno de miedos
acurrucado en el pecho.

Llevo con él semanas
y aún no me acostumbro a su peso, ni su aliento.
¿Cómo acostumbrarse a una presencia que crece?, me pregunto.

Hasta ahora no había sido capaz de escribir.
Y no sé si pueda.
Tengo las dudas alborotadas
como un avispero.

Me pregunto si alguien me comprendería
si me vuelvo grito.

A veces me siento sola. Y ridícula.
-es ridículo-.
Pienso en el mundo,
que se deshace a trocitos,
y lloro.

Lloro
y no me consuela ni siquiera el cielo.

Entonces yo, periodista,
evito los periódicos.
Y yo, persona,
evito las personas…
Como si con dar la espalda bastara.

Pienso en el mundo
y lloro.
Pero sigo, sí,
claro que sigo…
porque la vida sigue,
porque soy,
porque estoy,
porque puedo,
porque debo,
porque quiero.

Sigo.