El pozo de tus besos

Poesía

Me equivoqué cuando te dije
que tus palabras eran vacías.

Tus palabras, cariño roto,
estaban llenas de nada
-que es distinto-
y ahora tengo ese hueco
ocupando mi cuello:
ese trocito de piel que un día
-no hace mucho-
quiso ser (el) pozo de (tus) besos.

Me equivoqué contigo.
Y me equivoqué conmigo.
Pero qué iba yo a saber
que dispararías justo
en la grieta abierta;
y qué ibas tú a saber
que los brazos que te abrí,
estaban hartos de arropar
pieles que cortan.

Ahora no sé cómo mirarte
sin sentir en mi pozo
una fiesta de espinas;
ni cómo explicarle a mi boca
que tu piel es cuchillo,
si la toco yo.

Por lo pronto,
seguiré aferrándome al cielo.
Al que compartimos
y al que tengo dentro.
Porque tengo una certeza
y en esto sí no me equivoco:

Es en mi pecho
-y sólo ahí-
donde está mi paz.

Y aprenderé a encontrarla,
todos los días,
a pesar de nadie
y a risa propia.

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Con el cielo dentro

Poesía

Te-me-nos fuiste hace ya cuatro años.
Pero hoy, con una paz tan feliz
que hasta me estremece,
puedo decirte que recordarte es sentir
que tengo el cielo dentro
y que, por suerte, entre tú y yo,
no hay distancia
sólo infinitud.

(Te quiero, Leo. Feliz eternidad)

Abandonar la tristeza

Poesía

Cuando la vi de pie,
apoyada en la pared,
mirando hacia arriba,
le pregunté si era feliz.

Me miró con el cielo azul
escondido en sus ojos
y salió corriendo
en dirección contraria.

No sé si se fue
en busca de la felicidad
o si la encontró conmigo un instante
y entonces huyó.

A veces es difícil abandonar la tristeza
cuando lleva cobijándonos muchos días
la vida.