Volver a ser niña

Poesía

Quiero volver a ser niña, buscar culebras debajo de los troncos y las piedras, sentirlas enroscándose en mi brazo y ponerlas minutos después justo bajo el mismo sitio de donde las cogí.

Quiero volver a ser niña y ser capaz de volver a poner los cucarrones en un sitio seguro cuando no lo están, o de voltear los escarabajos cuando están boca arriba y no pueden andar.

Quiero volver a ser niña y subirme a los árboles sin pensar el los bichos que los habitan y caminar por la tierra mojada sin pensar en que se me van a ensuciar los zapatos.

Quiero volver a ser niña y reírme 200 veces al día, olvidarme de lo que me ha dado por llamar problemas, ver tres formas en una sola nube, creer que puedo volar si extiendo los brazos, tener la certeza de que si me tapo la cara con las manos nadie me ve y no saber qué es morir sin despedirse.

Quiero volver a ser niña y ver en un círculo sin forma el rostro de mi abuelo, creerme una súper héroe invencible sin tener que cerrar los ojos, confiar sin peros, amar sin tiempos y «meter la pata» muchas veces, sin miedo.

Quiero volver a ser niña y, por suerte, puedo hacerlo. Dentro de mí habita una. A veces acurrucada en mi pecho, con un miedo (in)comprensible; otras, en cambio, pidiéndome a gritos que baile, que pinte, que bese, que escriba, que arriesgue, que sueñe, que viva, que ame, que siga.

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Abandonar la tristeza

Poesía

Cuando la vi de pie,
apoyada en la pared,
mirando hacia arriba,
le pregunté si era feliz.

Me miró con el cielo azul
escondido en sus ojos
y salió corriendo
en dirección contraria.

No sé si se fue
en busca de la felicidad
o si la encontró conmigo un instante
y entonces huyó.

A veces es difícil abandonar la tristeza
cuando lleva cobijándonos muchos días
la vida.