Ninguna mujer se muere de abstinencia

Opinión

(…) Es típico –y todas las Lolas lo sabemos- que cuando una más “necesita” o más libremente quiere explorar su sensualidad y sexualidad con alguien, menos posibilidades hay. Y si no es porque el que a una le gusta está casado, es porque tiene novia, es gay, está entusado o está lejos. Ley de Murphy, sin lugar a dudas. Además, la cosa se complica cuando una es ese tipo de Lola a la que por “x”, “y” o “z” (hay múltiples razones, pero ya eso es otra historia) no le gusta el sexo casual o el cuentico de “amigos con derechos”. Esto sí que es un hadicap cuando de (eterna) abstinencia se trata (…).

Ilustración de @sofiabernals, publicada en el artículo citado de Lolas Magazine

Continúa leyendo el artículo completo en

Lolas Magazine.

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Estar sola(s) es necesario

Opinión

A veces la gente no entiende cuando confieso que hay momentos (incluso días enteros) que prefiero estar sola.

“¿No te aburres?”, me preguntan.

No, no me aburro. He aprendido a disfrutar(me) y a apreciar el silencio y mis silencios. Tanto que a veces compartir tiempo con otras personas me supone un gran esfuerzo. Y no porque sea una “anti-social”, o una ermitaña (aunque esto un poquito sí); sino porque -para mi fortuna y por desgracia, a veces- se cuelan fácilmente por mi piel sensaciones y pensamientos ajenos que se quedan dentro de mi cuerpo hasta que los duermo, los alimento o los bailo.

A veces pienso que el reto diario que tengo que hacer (y que deberíamos hacer todas-os) por encontrar el equilibrio entre habitarme y habitar La Tierra, mientras la comparto, es hermoso sólo porque es complejo. Sino, ¿qué gracia tendría?

Como dice este artículo de The Book of life (un pedacito de vida de The School of life):

“We’re drawn to solitude not because we despise humanity but because we are properly responsive to what the company of others entails. Extensive stretches of being alone may in reality be a precondition for knowing how to be a better friend and a properly attentive companion” .

Si me hubieran ofrecido una millonada, no lo hubiera hecho

Opinión, Periodismo

Ayer, en mi cuenta de Instagram, publiqué tres fotos (puedes verlas al final de este artículo) que suscitaron bastante controversia. Supuse desde el principio que eso sucedería porque mostré mis PEZONES y esta palabra -incluso escrita- todavía retumba en los oídos de mucha gente. Pero no me arrepiento. 

Y no me arrepiento porque fue un ejercicio liberador;  porque considero que la desnudez -expresada con profesionalismo y sensatez- es ARTE, no morbo; porque estoy empezando a entender que la vulnerabilidad no sólo es hermosa, sino que es la fuerza, la magia que me (nos) impulsa; porque reivindico la capacidad de AMAR nuestros cuerpos tal y como son; y porque he sabido desnudar mi alma -frente a mí y frente a una cámara- de prejuicios y miedos para permitirme SER y vivir mi vida, que es una sola, sin excesos, ni mentiras.

Alguien dijo: “Ni que le hubieran pagado una millonada por hacerlo, ¿pero gratis?”. Y a ese alguien le respondo: Si me hubieran ofrecido una millonada (de pesos, dólares o euros) por salir en topless en la portada de una revista de moda, no lo hubiera hecho. Esto lo hice y lo publiqué precisamente porque esas fotos, para mí, NO TIENEN PRECIO. 

Otro alguien me dijo: “Hay muchas formas de declararte libre que no implican mostrar tu intimidad”. Y sí, hay mil formas de declararnos libres… y yo, entre todas ellas, durante los últimos años, he elegido algunas. Y esta es tan válida como cualquier otra que no sobrepase la dignidad de otras(os). 

“Te van a sexualizar”, me dijo otra persona. Y sí, porque desgraciadamente a nuestros cuerpos los sexualizan y los condenan cuando deciden ser lo que quieren ser y hacer lo que quieren hacer; y porque es mucho más fácil juzgar, que (auto)juzgarnos y crecer. Estoy segura de que si decidiera mañana vivir en castidad o convertirme en monja, sería igualmente juzgada. Siempre he dicho que lo que importa es la intención y si la intención de alguien que ve mi foto es sexualizarme, es su problema, no el mío. 

Yo no subí las fotos para provocar sensaciones en otros cuerpos. Mi intención y mi mensaje fue (es) mucho más profundo. Y el arte por eso es hermoso: porque nos da la posibilidad de trascender lo humano, lo natural, lo visceral. 

Fotógrafo: Felipe Villa (@soyfelipe1)