La transmedialidad y el artista

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“Ahora eso es convergencia”. Mejor aún: convergencia de convergencias. Y eso nos ha cambiado la vida. Pero ¿qué es convergencia? Henry Jenkins en su texto “Adoración en el altar de la convergencia”, la define así: “Flujo de contenido a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias mediáticas y el comportamicnto migratorio de las audiencias mediáticas, dispuestas a ir casi a cualquier parte en busca del tipo deseado de experiencias de entretenimiento” (Página 14).

No sólo las tecnologías han permitido la digitalización de los contenidos. También la audiencia ha puesto de su parte y se ha transofrmado en lo que anteriormente veíamos: en prosumers. Y, además, la narrativa ha mutado y ha dejado de ser lineal. El hipertexto es ahora el protagonista, el cimiento de las historias. ¿Hechas por quién? Por cualquiera. ¿Por qué? Porque la cultura de participación en la que se fundamenta esta transmedialidad hace posible que todos podamos contar o complementar una historia a partir de varias plataformas pues todos somos cazadores y recolectores. Jenkins en el texto citado en el párrafo anterior dice:  “Ninguno de nosotros puede saberlo todo; cada uno de nosotros sabe algo y podemos juntar las piezas si compartimos nuestros recursos y combinamos nuestras habilidades” (Página15)

Ahora, ¿qué buscamos con eso? experiencias “más ricas”, fluidez, cambio, expansión, entretenimiento.

¿Quiere decir esto que la narración transmediática, o sea, ese arte de crear mundos, deslegitima los mundos ya existentes? No. O ¿acaso el amarillo, el azul y el rojo pierden su autonomía cuando un artista los mezcla y los convierte en morado, naranjado y verde? Así como los colores en el círculo cromático, los “contenidos soporte” -aquellos en quienes se basan quienes hacen parte de la Cultura fan, es decir, los prosumers- pueden complementarse entre sí mismos y entre los “contenidos resultado”, pero siguen siendo interdependientes -como las piezas de un rompecabezas-. Jenkins lo explica de manera clara: “Si el paradigma de la revolución digital presumía que los nuevos medios desplazarían a los viejos, el emergente paradigma de la convergencia asume que los viejos y nuevos medios interaccionarán de formas cada vez más complejas” (Página 17)

¿Es entonces positiva esta transmedialidad? Sí, aunque posiblemente no del todo -como todo-. Digo que “no del todo” porque de una u otra manera el hecho de ser artista ha perdido su “gracia”. Es cierto que ahora el artista más que artista es un medium y que ésto permite democratizar los contenidos y permitir la creación de nuevos -y a veces incluso mejores- contenidos. Sin embargo, ha aparecido el fenómeno de la pérdida del aura, o sea, que la obra original ya es igual que sus copias o representaciones. ¿Saben qué podría haber significado eso para Picasso o Dalí, artistas para quienes están vetados los productos seralizados pues para ellos lo importante fue la orginalidad y la contemplación de la obra? Un abuso, un irrespeto. Claro que no tenemos que irnos tan lejos. ¿Acaso por qué apareció la Ley Sopa? Para defender los derechos de autor.

Texto de referencia: Introducción a “Adoración en el altar de la convergencia” de Henry Jenkins

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