Perdámonos

Hagamos un trato: Tú me desnudas las costillas y yo te arropo los labios. Quizás, no sé, los nudos se nos desaten y podamos perdernos -por fin- yo por tu ombligo y tú entre mis piernas. Y viceversa.

Recuerdo indecente

Qué indecente es tu recuerdo. Se me encarama -sin permiso- en el momento menos indicado y no sé cómo quitármelo de encima. Si lloro, no se ahoga; si grito, le hago cosquillas; si corro, me persigue; y si me quedo, me llora él, me grita él, me corre él. El rimel, el tiempo, la vida.

Conmigo, pero tuyo

La sandía me empezó a gustar el día que me quitó la sed. Y lo mismo me pasó contigo. La diferencia es que de ti siempre estoy sedienta y que cada vez que te pruebo me sabes mejor. Si me lees, que sepas que no te quiero a ratos, no te quiero a partes, y …