Un poco de eso

Opinión, Poesía

Alguien me preguntó por qué siendo una persona tan alegre escribo cosas “tan tristes”.

“¿Me define lo que escribo?”, pensé.

Hoy me (te) respondo:

No soy sólo lo que escribo. Ni lo que callo. Ni lo que grito. Ni lo que vivo.

No soy la melancolía que me abraza tantas noches. Ni la nostalgia que me dan las montañas. Ni la niña que se siente perdida. Ni la mujer que camina, rota.

No soy las carcajadas en el suelo. Ni los abrazos en los que duermo. Ni los besos que (no) doy. Ni las victorias que celebro.

No soy mis suspiros. Ni mis lágrimas. Ni mi risa. Ni mi fuerza.

Soy todo eso.
Nada de eso.
Un poco de eso.

Y no quiero ser de otra forma.

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Volver a ser niña

Poesía

Quiero volver a ser niña, buscar culebras debajo de los troncos y las piedras, sentirlas enroscándose en mi brazo y ponerlas minutos después justo bajo el mismo sitio de donde las cogí.

Quiero volver a ser niña y ser capaz de volver a poner los cucarrones en un sitio seguro cuando no lo están, o de voltear los escarabajos cuando están boca arriba y no pueden andar.

Quiero volver a ser niña y subirme a los árboles sin pensar el los bichos que los habitan y caminar por la tierra mojada sin pensar en que se me van a ensuciar los zapatos.

Quiero volver a ser niña y reírme 200 veces al día, olvidarme de lo que me ha dado por llamar problemas, ver tres formas en una sola nube, creer que puedo volar si extiendo los brazos, tener la certeza de que si me tapo la cara con las manos nadie me ve y no saber qué es morir sin despedirse.

Quiero volver a ser niña y ver en un círculo sin forma el rostro de mi abuelo, creerme una súper héroe invencible sin tener que cerrar los ojos, confiar sin peros, amar sin tiempos y «meter la pata» muchas veces, sin miedo.

Quiero volver a ser niña y, por suerte, puedo hacerlo. Dentro de mí habita una. A veces acurrucada en mi pecho, con un miedo (in)comprensible; otras, en cambio, pidiéndome a gritos que baile, que pinte, que bese, que escriba, que arriesgue, que sueñe, que viva, que ame, que siga.

Si me hubieran ofrecido una millonada, no lo hubiera hecho

Opinión, Periodismo

Ayer, en mi cuenta de Instagram, publiqué tres fotos (puedes verlas al final de este artículo) que suscitaron bastante controversia. Supuse desde el principio que eso sucedería porque mostré mis PEZONES y esta palabra -incluso escrita- todavía retumba en los oídos de mucha gente. Pero no me arrepiento. 

Y no me arrepiento porque fue un ejercicio liberador;  porque considero que la desnudez -expresada con profesionalismo y sensatez- es ARTE, no morbo; porque estoy empezando a entender que la vulnerabilidad no sólo es hermosa, sino que es la fuerza, la magia que me (nos) impulsa; porque reivindico la capacidad de AMAR nuestros cuerpos tal y como son; y porque he sabido desnudar mi alma -frente a mí y frente a una cámara- de prejuicios y miedos para permitirme SER y vivir mi vida, que es una sola, sin excesos, ni mentiras.

Alguien dijo: “Ni que le hubieran pagado una millonada por hacerlo, ¿pero gratis?”. Y a ese alguien le respondo: Si me hubieran ofrecido una millonada (de pesos, dólares o euros) por salir en topless en la portada de una revista de moda, no lo hubiera hecho. Esto lo hice y lo publiqué precisamente porque esas fotos, para mí, NO TIENEN PRECIO. 

Otro alguien me dijo: “Hay muchas formas de declararte libre que no implican mostrar tu intimidad”. Y sí, hay mil formas de declararnos libres… y yo, entre todas ellas, durante los últimos años, he elegido algunas. Y esta es tan válida como cualquier otra que no sobrepase la dignidad de otras(os). 

“Te van a sexualizar”, me dijo otra persona. Y sí, porque desgraciadamente a nuestros cuerpos los sexualizan y los condenan cuando deciden ser lo que quieren ser y hacer lo que quieren hacer; y porque es mucho más fácil juzgar, que (auto)juzgarnos y crecer. Estoy segura de que si decidiera mañana vivir en castidad o convertirme en monja, sería igualmente juzgada. Siempre he dicho que lo que importa es la intención y si la intención de alguien que ve mi foto es sexualizarme, es su problema, no el mío. 

Yo no subí las fotos para provocar sensaciones en otros cuerpos. Mi intención y mi mensaje fue (es) mucho más profundo. Y el arte por eso es hermoso: porque nos da la posibilidad de trascender lo humano, lo natural, lo visceral. 

Fotógrafo: Felipe Villa (@soyfelipe1)