Marruecos, tierra de magia y color

Artículo 10 (Noviembre 15-2011)

Hacer parte del auténtico bullicio de las calles y los zocos (mercadillos), disfrutar de playas vírgenes, fascinarse con las dunas y la Garganta del Todra, pertenecer por algunos días a una cultura conmovedoramente amable, comer cuscús y deleitarse con el atardecer dando un paseo en el desierto sobre un dromedario es un sueño que sólo Marruecos podrá cumplirle.

En este país, ubicado en el Norte de África y con costas en el Océano Atlántico y el mar Mediterráneo, podrá disfrutar de playas vírgenes en las que tendrá la oportunidad de tomar el sol evitando las muchedumbres. En las costas de Essaouria, en el Océano Atlántico, podrá incluso ver orcas y escudriñar el horizonte desde las murallas. Al norte de Safi –también en la costa atlántica- se encuentra una de las playas más limpias y populares del país: Lalla Fatma. Si desea brisa, armonía y belleza no la excluya de su itinerario. Asimismo, en el norte de la ciudad de Agadir se encuentra la playa Taghazout, una excelente opción para los amantes del surf.

Para los aficionados del senderismo y la escalada esta legendaria nación  es un destino inexcusable. No sólo podrá hacerlo en El Atlas  -la cordillera que recorre casi todo el norte del continente africano-, sino también en algunas zonas de la alucinante Garganta del Todra ubicada cerca de la ciudad de Tinerhir, en el centro del país.

En el desierto de la frontera con Argelia se encuentra el Erg Chebbi, un campo de dunas móviles que lo hará transportarse a un mundo lleno de magia, color y perfección con el que seguramente seguirá soñando. Con más de 20 kilómetros de largo y con una altura aproximada de 200 metros, esta maravilla natural lo dejará sin palabras.

Otro espectáculo visual lo encontrará al noroeste del país, en Chefchauen, una pequeña fortaleza fundada en 1471 por moriscos exiliados en España. Serenidad, profundidad, paz y confianza es lo que usted experimentará mientras camina por las antiguas y estrechas callejuelas de esta ciudad cuyas paredes y escaleras son azules y blancas.

Tánger, por su parte, es –junto con Marrakech, ciudad imperial- uno de los destinos turísticos más demandados del país. En la primera de ellas, ubicada al norte del país, en el extremo oeste del Estrecho de Gibraltar, no podrá dejar de ver La Medina     -una de las más grandes del país-, la Gran Mezquita y las Grutas de Hércules. Marrakech lo dejará encantado con sus mercadillos. En la Plaza Djemaa Fna, ubicada al este de los zocos, es donde podrá sentir el auténtico y tradicional espíritu de la ciudad. Se encontrará con titiriteros, encantadores de serpientes, tatuadores y una infinidad de pintorescos vendedores. Este es pues, otro espectáculo del que vale la pena ser parte.

Ahora, aunque en los zocos podrá encontrar de todo, Fez es llamada la “Capital de la artesanía” y por eso mismo su visita es realmente importante. Además, es otra de las cuatro ciudades imperiales. La ciudad de Meknes –otra ciudad imperial- es arquitectónicamente hablando una de las mejores de Marruecos. Bab Berdaïne, una puerta majestuosa construida por Moulay Ismail; el Mausoleo de ese sultán construido en 1703; y el palacio Dar El Beida, construido en el siglo XIX por el sultán Mohammed ben Abdallah y actual hogar de la Real Academia Militar, son algunas de las edificaciones que hacen de esta ciudad un destino turístico especial.

La última de las cuatro ciudades imperiales, que además es la capital del país, es Rabat. Conocida como  “La ciudad de los jardines” esta urbe es más administrativa que turística. Sin embargo, caminar por Essouïqa –la calle principal en la que encontrará restaurantes y puestos de bisutería-, conocer La Medina y recorrer las calles dejándose sorprender por los arcos, las murallas y los jardines, será una experiencia satisfactoria.

Entre los parques nacionales de Marruecos, se encuentra el Parque Nacional de Souss Massa, donde habita una de las aves más amenazadas del mundo, el ibis eremita. No deje de conocer este asombroso animal –cuyo pico puede medir hasta 14,7 centímetros- ni los muchos otros que se encuentran allí.

Tampoco puede irse de Marruecos sin probar el Té de menta marroquí. Según los ciudadanos beberlo es un placer que tranquiliza y reanima. El cuscús es el plato más conocido. No podrá irse sin degustar las innumerables formas de preparar esta delicia gastronómica compuesta por sémola hervida al vapor y acompañada de carne pollo o pescado.

Mucho color, mucha magia y mucho ambiente. Eso es lo que hace que Marruecos sea un país así: diferente, interesante, asombroso y sobre todo inspirador y –cómo no- digno de ser visitado.

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