“La cultura gay en general es más inmediatista: Tú lo ves, tú lo quieres, tú lo haces”

Aparece con una camiseta roja con un estampado abstracto, un blue-jean, unos tenis deportivos blancos y un jersey café. Huele bien. Pequeños pedazos de pelo negro y liso le tapan algunas partes de su frente, morena y tensa como el resto de su cara, y unas cejas negras y gruesas enmarcan unos ojos – también oscuros- que en el fondo miran con confusión cómo se desarrolla el mundo ante ellos.

De camino a Plaza la Merced, en el centro de Málaga, aquel estudiante “Erasmus” de la Universidad de Málaga que prefiere dejar su identidad oculta, camina con pasos lentos pero largos –gracias sin duda a su 1.90m de estatura- hacia la cafetería “Café con libros”.

– “Para mí siempre había estado claro aunque no sabía lo que significaba. Sólo después pude ver que era una cosa vista como rara”, cuenta aquel hombrecito de 22 años.

Hace calor. Está sentado con su pierna derecha doblada encima de su pierna izquierda. Talón con rodilla, como suelen hacer los hombres. Y los “no hombres”.

La camarera, una mujer joven con el cabello castaño, se acerca a la mesa. “Aquí tienen”. Primero le entrega al estudiante su vaso de Cola-Cao frío y luego pone ante mí el batido de chocolate.

– “Mi padre y yo no vivimos juntos porque son separados desde hace algunos años, bastantes años. Como no tengo mucho contacto con él y no cambia mucho en mi vida decirlo o no, no opina mucho. Pero a mi madre sí se lo dije y súper bien. Hablo siempre con ella sobre estas cosas”, continúa diciendo aquel hombre que –a decir verdad- tiene un español muy bueno a pesar de que no es obviamente su primera lengua.

Y, por parte de personas fuera de la familia, ¿has sentido rechazo?

– “De amigos amigos no, sino no serían amigos. Pero de algunas personas sí. Eso se les nota. Siempre hay rechazo de alguna forma en la sociedad pero dentro del círculo de personas que conozco no tanto.

En general, sólo tengo que ver con gente que sí me apoya y me acepta como soy”.

Han pasado casi treinta minutos desde que nos encontramos en Plaza de la Constitución. Ya sé que ha tenido un buen día, que está preparándose para volver a su país y que –por ello- está nostálgico. Quizás sea eso lo que reflejan mejor sus ojos: la nostalgia por el presente que pronto será un recuerdo. “Y ya está”.

¿Has estado con alguna mujer alguna vez?

– Sí, físicamente sí pero no hasta las últimas. ¿Sabes lo que digo?

Que no han tenido relaciones…

– No, pero hubo contacto.

¿Cuánto duraron?

– Cuatro meses.

Y con un hombre, ¿cuánto es lo más que has durado en una relación?

– Un mes. (risas) Le da un sorbo a su Cola-Cao y lo traga despacio. Lo saborea. Tal vez así se da a sí mismo tiempo para pensar en su próxima respuesta.

¿Por qué con el hombre un mes y con la mujer cuatro?

– Fue una situación distinta. Con él no duró mucho porque simplemente me dieron ganas de terminar todo, no era la persona que esperaba. Y con ella, simplemente se dio la oportunidad de empezar una cosa más seria y como yo nunca había tenido la experiencia pensé: “lo voy a hacer

así”.

¿Por qué crees que con los hombres que has estado, las relaciones no duran?

– ¡Eso es meternos en otra historia! (risas). Yo tengo principios un poco fuertes, extremos. Mucha gente siempre me ha dicho que soy un poco radical pero para mí o es una cosa o es la otra. Cuando salgo por ahí de fiesta para conocer a alguien sólo se trata de una cosa: de la parte física. Yo sé que no voy a tener nada porque así es en general, no sólo para nosotros. Tú sabes, conoces a alguien y puedes acostarte con esa persona o no pero no pasa de eso.

¿Nunca has pensado estar con alguien seriamente?

– Claro, siempre he pensado. Pero yo ya tengo una idea muy fija de lo que quiero entonces soy un poco perfeccionista.

Y ¿qué es lo que esperas?

– Sobre todo una persona intelectual

¿A qué te refieres? ¿a estudiado? 

– Sí, una persona estudiada, que sepa cómo hablar. Siempre me atraen los hombres mayores.

¿Qué es mayores?

– A partir de los 30.

¿Siempre has estado con hombres así?

– No todos pero casi siempre. Pensaba que era una cosa que simplemente pasaba pero ahora veo que es una cosa normal de mí.

En el lugar no hay casi nadie. Quizás nuestra mesa y otras tres. Sin embargo, el ruido de las máquinas de afuera es fuertísimo. Y eso que decidimos hacernos adentro, al lado de la barra. Aún así, él sigue hablando sin alzar su voz. A veces menea el vaso y con ello el chocolate que había quedado en el fondo de él vuelve a mezclarse hasta que todo el líquido queda de un color homogéneo, color Cola-Cao.

¿Crees que en los homosexuales es más común buscar parejas de una noche?

– Sí y no. Por ejemplo, si tu comparas la idea que la sociedad heterosexual tiene de tener una pareja fija, de tener una vida juntos, de tener algo que tenga un sentido, ves que es más fuerte porque para nosotros todo es más estricto. Los heterosexuales tienen más libertad en todos los sentidos, sobre todo para ligar o demostrar algún tipo de interés. Nosotros tenemos más códigos. Tenemos otras tácticas.

¿Cuáles? – Bueno, nuestros sitios.

Por ejemplo

– Bares, discotecas, todo.

Aquí por ejemplo, ¿cuál?

– Todo es más callado….

Incluso en este tema él es más callado. Se nota que no quiere revelar esos nombres. De hecho, no lo hace. Lo único que dice es que son sitios que se tienen como referencia, en donde los visitantes son así y donde se atrae a gente así. Además, manifiesta que lo que “ellos” hacen es buscar su propio espacio.

¿Encontraste esos espacios acá en Málaga?

– Aquí es un poco más limitado que en otras ciudades como Barcelona por ejemplo. O Madrid.

¿Más limitado porque hay menos sitios?

– Sí, hay menos lugares. Hay como dos bares y un bar-discoteca digamos. Entonces es siempre la misma gente. Después de unas veces ya no te dan más ganas.

Pero igual sigues yendo…

– Sí…

¿Por qué?

– Te vuelves adicto.

Nuevamente se ríe con cierta vergüenza. O no, tal vez no sea vergüenza. Quizás lo hace con malicia, sintiéndose cómplice de sus propios pasos, de su propio pasado.

No te has enamorado, ¿o sí?

– Sí, puedo decir que sí

Y ¿has amado?

– No, todavía no he tenido la oportunidad. No me la han dado.

Y entre estar enamorado y amar ¿hay una brecha muy grande o qué?

– Sí, porque la parte de estar enamorado viene primero. Es el inicio de todo. Luego empieza a ser algo más fuerte. Tu estás deslumbrado por alguien que te fascina. Y entonces es esa sensación. El amor para mí es una cosa más fija, más sólida. Amar significa que la primera fase ya ha pasado y que yo tengo todavía planes contigo.

Entonces ¿estar enamorado para ti es estar fascinado?

– Sí, eso

Pero, ¿sólo físicamente?

– No, interiormente también. Por eso es que yo digo que es un paso anterior al amor. Sorbe más Cola-Cao.

– ¿Crees en el amor eterno?

– No sé. Eso no se decide.

¿Y en el amor a primera vista?

-No, en mi caso no. Yo tengo muchas sospechas de todos cuando conozco a alguien la primera vez. Nunca confío mucho en la gente. Así que…. ahora estoy desconfiando de ti, por ejemplo.

Se ríe. Pero esta vez no de vergüenza. Tal vez de ansiedad. No se esperaba estas preguntas tan “abiertas” –como las calificó él mismo-. Cuando para de reírse y de beber un poco más de aquella bebida que ya debía estar caliente con el calor, dice sin que yo preguntara nada: “Por ejemplo, este tío… el último. Que bueno, todavía está la verdad… Voy a salir con él mañana”

¿Cuándo lo conociste?

– Hace un mes. Empezó como una cosa sólo más direccional, algo simplemente físico. Después, pude notar que él tiene muchas características que busco y empecé a sentirme un poco distinto. Es una persona muy diferente a todas las que he conocido.

¿Cuántos años tiene?

– Treinta y dos. (Risas). Yo tengo la impresión de que él estuvo más fascinado que yo la primera vez. Yo no, porque aunque tenga algo delante de mis ojos siempre estoy preguntándome si realmente es aquello. Por eso no creo tanto en el amor a primera vista. Creo en la atracción o en la simpatía.

Silencio.

¿Con cuántas parejas estás al mes?

– En este último mes con dos… con tres, dice mirándose los dedos de las manos como si quisiera seguir: con cuatro, con cinco… Pero para. O por vergüenza o por convicción, pero se detiene.

¿Eso es lo normal?

– Es que es distinto, ¿sabes? Hay cosas muy asustadoras, chocantes (se ríe)

¿Ah sí? ¿Cómo cuales?

– La gente sale viernes, sábado, domingo por la noche y ocasionalmente conoce a alguien. Yo depende de cómo esté. Si estoy tranquilo, me quedo en casa o salgo con amigos. Pero a veces, no sé, tengo la necesidad de estar con alguien. Como toda la gente. O salgo menos o salgo más.

Otra vez se sale por la tangente. No responde lo que le he preguntado. Lo único que responde luego, cuando le pregunto cuál ha sido el máximo de parejas en una noche, es “por vuelta de cuatro”.

¿Vuelta de cuatro?

– Around….

Ese “alrededor” no suena muy contundente. Es una respuesta bastante abierta…

Él vuelve a reírse. Una risa que hace mucho más capciosa su respuesta. Luego se detiene y dice: “pero no todos juntos, es decir, no los 4 al mismo tiempo”.

Lo bueno –o lo malo- es que aquel hombre, que se considera a sí mismo una persona romántica y soñadora, no se arrepiente. Dice que al final terminó teniendo un “shock de realidad” y que le tocó aceptar que las cosas eran diferentes y acostumbrarse a la realidad. “Yo ya soy una persona decidida, adulta y si me dan ganas, lo hago y ya está”, afirma seguro. Sin embargo, asevera que antes –cuando era “chiquito”- sí se sentía yendo en contra de sus propios principios, de sus sueños, y de las fantasías que tenía de estar con alguien.

Aún tienes esos sueños… o ¿ya están rotos?

– Este mundo es muy cruel. La gente pierde sus sueños muy fácilmente. Además, yo tengo una característica: yo veo las cosas como una mujer en términos de sentimientos.

Y ¿cómo ve las cosas una mujer?

– Supongo que las mujeres son más de que “no se trata sólo de sexo”, cosas así. Yo no soñaba terminar en un coche con alguien que no conozco. Soñaba con una persona que me admirara como soy, con quien me sentiría bien, esas cositas… La idea todavía me encanta pero tengo que ver que las cosas no son así. Es difícil, nunca va a ser como en las películas. Si no lo es para los heterosexuales que tienen todas las puertas abiertas –porque tienen más libertad- ahora para nosotros es más difícil. La cultura en general es más inmediatista. Tu lo ves, tu lo quieres, tu lo haces. En el círculo de los heterosexuales también puede ser así pero la idea de que después puede haber algo, hace que puedan invertir tiempo y esfuerzo.

Pero ustedes también pueden invertir tiempo y esfuerzo.

– Mucha gente no lo hace.

Pero no porque no puedan…

– Técnicamente se puede pero es más difícil porque todos ya están fijados en este inmediatismo. Tu tienes que despertar, eso ya me han dicho muchos amigos. Tu tienes que pensar como un hombre “hetero”. A veces intento hacerlo pero no me gusta.

¿Sabes que te arrepentirás pero te resignas? – No, si yo tengo ganas y me pareció bien, bien. Pero vivir así a largo plazo, ahí sí me arrepiento porque no es eso lo que creo, lo que quiero para mi.

¿Y no piensas hacer una especie de resistencia?

– Sí, aunque sea sólo a nivel mental.

Y ¿de qué sirve la resistencia mental si es sólo mental?

– Yo lucho por eso también. Cuando he conocido a este último, lo he intentado. Yo me posicioné para que pudiera ser algo más pero como no sólo viene de uno, sino de dos… La resistencia mental es algo que no dejo porque me conforta. Yo sé muy bien lo que quiero en mi vida. Tienes que tener mucha determinación para saber separar las cosas. Tu vas o por ese camino o por este.

¿Cuál “ese”?

– O sólo por el camino de: “no existe otra posibilidad y que voy a vivirlo así hasta que me consuma” o por el camino de un mundo perfecto que sólo existe en tu cabeza. Entonces empiezas a vivir de una ilusión. Es difícil. Esa es –pienso- la cuestión más compleja para la gente en general: saber cómo posicionarse ante esas posibilidades, que son dos extremos. O te pierdes una cosa o te pierdes en la otra.

¿No crees que haya un equilibrio entre ambas cosas?

– Yo no sé si se encuentra. Yo lo intento. No sé si lo hago lo mejor que puedo pero en las condiciones mentales y emocionales en las que me encuentro ahora, lo estoy intentando. Y la forma como vivo hoy es la mejor que he encontrado. Quizás vaya a cambiarla mañana. Es un proceso de crecimiento personal. En este inmediatismo la cosas son sencillas pero no te llenan.

La felicidad no está entonces en la inmediatez…

– No, claro que no. Yo me considero una persona seria, quiero construir alguna cosa. Para mí eso es lo más importante. Y para que pueda hacerlo no puedo estar viviendo de cualquier manera. Tengo que seleccionar bien a la gente que está a mi alrededor. No quiero tener una vida ordinaria y es muy fácil tener una vida ordinaria… Pero es todo muy vacío. A veces sí vivo en este mundo porque no voy a quedarme todos los años de mi vida en mi habitación sin ver el mundo, pero si tu estás allí tú tienes que saber que no eres así y que en poco tiempo todo se habrá acabado. Y así lo hago.

Ya se ha tomado todo el Cola-Cao. El vaso sólo tiene sombras dulces color marrón. La luz del sol deja ver en sus ojos una mirada de satisfacción, nostalgia y esperanza. Se despide, se gira, y esta vez aquel hombre de camiseta roja y de pasos lentos pero largos, desaparece hasta quién sabe cuándo por una de las estrechas callecitas adjuntas a la Plaza de la Merced.

 

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