Me pido perdón

Poesía

Perdonarnos a nosotras(os) mismas(os) es tan importante como perdonar a los demás. Es parte de nuestra liberación, de nuestra transformación. Por eso, me propuse hacer una lista con todas las cosas por las que quiero perdonarme. Seguramente se me escapó alguna y muy probablemente tendré que volver a pedirme perdón por lo mismo dentro de un mes, pero siempre hay un primer paso. Y el mío es este.

Me pido perdón

Por escuchar mi intuición y no hacerle caso -que es peor que no escucharla-,
por serle infiel a mi instinto salvaje -o sea a mí misma-,
por dudar del amor sólo porque he estado herida
y por tomar decisiones placenteras cuando sé que debo tomar decisiones inteligentes.

Me pido perdón por meterme bajo mi piel por temor a ser encontrada,
por no esquivar las trampas cuando las identifico,
por mi ingenua ingenuidad
y por las veces que no he sido capaz de ver lo bonita que es mi (la) vida.

Me pido perdón por no celebrar mis pequeños triunfos,
por culparme por mis desaciertos,
por cometer el mismo error no dos veces, sino tres,
y por no agradecer los golpes que me regala la vida para crecer.

Me pido perdón por las cosas que dejé de hacer por temor al “qué dirán”,
por haber intentado ser quien no era,
por dudar de mis capacidades
y por no escuchar mi cuerpo y lesionarlo.

Me pido perdón por las lágrimas que no me he permitido soltar y se han quedado oxidándome por dentro,
por los besos que no di cuando quise y los que di cuando no debí,
por el amor que no he hecho
y por el amor que no he sido.

Me pido perdón.

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Volver a ser niña

Poesía

Quiero volver a ser niña, buscar culebras debajo de los troncos y las piedras, sentirlas enroscándose en mi brazo y ponerlas minutos después justo bajo el mismo sitio de donde las cogí.

Quiero volver a ser niña y ser capaz de volver a poner los cucarrones en un sitio seguro cuando no lo están, o de voltear los escarabajos cuando están boca arriba y no pueden andar.

Quiero volver a ser niña y subirme a los árboles sin pensar el los bichos que los habitan y caminar por la tierra mojada sin pensar en que se me van a ensuciar los zapatos.

Quiero volver a ser niña y reírme 200 veces al día, olvidarme de lo que me ha dado por llamar problemas, ver tres formas en una sola nube, creer que puedo volar si extiendo los brazos, tener la certeza de que si me tapo la cara con las manos nadie me ve y no saber qué es morir sin despedirse.

Quiero volver a ser niña y ver en un círculo sin forma el rostro de mi abuelo, creerme una súper héroe invencible sin tener que cerrar los ojos, confiar sin peros, amar sin tiempos y «meter la pata» muchas veces, sin miedo.

Quiero volver a ser niña y, por suerte, puedo hacerlo. Dentro de mí habita una. A veces acurrucada en mi pecho, con un miedo (in)comprensible; otras, en cambio, pidiéndome a gritos que baile, que pinte, que bese, que escriba, que arriesgue, que sueñe, que viva, que ame, que siga.

Ninguna mujer se muere de abstinencia

Opinión

(…) Es típico –y todas las Lolas lo sabemos- que cuando una más “necesita” o más libremente quiere explorar su sensualidad y sexualidad con alguien, menos posibilidades hay. Y si no es porque el que a una le gusta está casado, es porque tiene novia, es gay, está entusado o está lejos. Ley de Murphy, sin lugar a dudas. Además, la cosa se complica cuando una es ese tipo de Lola a la que por “x”, “y” o “z” (hay múltiples razones, pero ya eso es otra historia) no le gusta el sexo casual o el cuentico de “amigos con derechos”. Esto sí que es un hadicap cuando de (eterna) abstinencia se trata (…).

Ilustración de @sofiabernals, publicada en el artículo citado de Lolas Magazine

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Lolas Magazine.