El pozo de tus besos

Poesía

Me equivoqué cuando te dije
que tus palabras eran vacías.

Tus palabras, cariño roto,
estaban llenas de nada
-que es distinto-
y ahora tengo ese hueco
ocupando mi cuello:
ese trocito de piel que un día
-no hace mucho-
quiso ser (el) pozo de (tus) besos.

Me equivoqué contigo.
Y me equivoqué conmigo.
Pero qué iba yo a saber
que dispararías justo
en la grieta abierta;
y qué ibas tú a saber
que los brazos que te abrí,
estaban hartos de arropar
pieles que cortan.

Ahora no sé cómo mirarte
sin sentir en mi pozo
una fiesta de espinas;
ni cómo explicarle a mi boca
que tu piel es cuchillo,
si la toco yo.

Por lo pronto,
seguiré aferrándome al cielo.
Al que compartimos
y al que tengo dentro.
Porque tengo una certeza
y en esto sí no me equivoco:

Es en mi pecho
-y sólo ahí-
donde está mi paz.

Y aprenderé a encontrarla,
todos los días,
a pesar de nadie
y a risa propia.

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71 días

Poesía

Corriendo cuesta abajo
por unas callecitas empinadas
y sintiendo las piedras del suelo
enterrarse bajo mis Converse,
grité tu nombre,
pero no te vi.

Han pasado 71 días desde entonces
y todavía, a veces,
el eco de mi voz rebota en las paredes blancas
y me atraviesa el pecho
sin piedad.

Sé que no volverás
y no quiero que vuelvas.
Pero pronto llegará el día
en el que pueda desear
que vuelves alto y feliz
sin que se me rasgue el pecho
y los ojos se me conviertan en el mar
que tantas veces nos mojó los pies.

Lo sé…
porque te amé.
Te amé
jodidamente
de más.