El pozo de tus besos

Poesía

Me equivoqué cuando te dije
que tus palabras eran vacías.

Tus palabras, cariño roto,
estaban llenas de nada
-que es distinto-
y ahora tengo ese hueco
ocupando mi cuello:
ese trocito de piel que un día
-no hace mucho-
quiso ser (el) pozo de (tus) besos.

Me equivoqué contigo.
Y me equivoqué conmigo.
Pero qué iba yo a saber
que dispararías justo
en la grieta abierta;
y qué ibas tú a saber
que los brazos que te abrí,
estaban hartos de arropar
pieles que cortan.

Ahora no sé cómo mirarte
sin sentir en mi pozo
una fiesta de espinas;
ni cómo explicarle a mi boca
que tu piel es cuchillo,
si la toco yo.

Por lo pronto,
seguiré aferrándome al cielo.
Al que compartimos
y al que tengo dentro.
Porque tengo una certeza
y en esto sí no me equivoco:

Es en mi pecho
-y sólo ahí-
donde está mi paz.

Y aprenderé a encontrarla,
todos los días,
a pesar de nadie
y a risa propia.

Anuncios

Volver a ser niña

Poesía

Quiero volver a ser niña, buscar culebras debajo de los troncos y las piedras, sentirlas enroscándose en mi brazo y ponerlas minutos después justo bajo el mismo sitio de donde las cogí.

Quiero volver a ser niña y ser capaz de volver a poner los cucarrones en un sitio seguro cuando no lo están, o de voltear los escarabajos cuando están boca arriba y no pueden andar.

Quiero volver a ser niña y subirme a los árboles sin pensar el los bichos que los habitan y caminar por la tierra mojada sin pensar en que se me van a ensuciar los zapatos.

Quiero volver a ser niña y reírme 200 veces al día, olvidarme de lo que me ha dado por llamar problemas, ver tres formas en una sola nube, creer que puedo volar si extiendo los brazos, tener la certeza de que si me tapo la cara con las manos nadie me ve y no saber qué es morir sin despedirse.

Quiero volver a ser niña y ver en un círculo sin forma el rostro de mi abuelo, creerme una súper héroe invencible sin tener que cerrar los ojos, confiar sin peros, amar sin tiempos y «meter la pata» muchas veces, sin miedo.

Quiero volver a ser niña y, por suerte, puedo hacerlo. Dentro de mí habita una. A veces acurrucada en mi pecho, con un miedo (in)comprensible; otras, en cambio, pidiéndome a gritos que baile, que pinte, que bese, que escriba, que arriesgue, que sueñe, que viva, que ame, que siga.

Ninguna mujer se muere de abstinencia

Opinión

(…) Es típico –y todas las Lolas lo sabemos- que cuando una más “necesita” o más libremente quiere explorar su sensualidad y sexualidad con alguien, menos posibilidades hay. Y si no es porque el que a una le gusta está casado, es porque tiene novia, es gay, está entusado o está lejos. Ley de Murphy, sin lugar a dudas. Además, la cosa se complica cuando una es ese tipo de Lola a la que por “x”, “y” o “z” (hay múltiples razones, pero ya eso es otra historia) no le gusta el sexo casual o el cuentico de “amigos con derechos”. Esto sí que es un hadicap cuando de (eterna) abstinencia se trata (…).

Ilustración de @sofiabernals, publicada en el artículo citado de Lolas Magazine

Continúa leyendo el artículo completo en

Lolas Magazine.