Tentaciones inconclusas

Discoteca. 11:50 p.m. 

Sus bocas, otra vez, quedaron a sólo un centímetro de distancia y ambos se rieron.

“No me tientes”, dijo ella antes de alejarse bailando. Él miró a lo lejos sus tacones rojos…

Una canción.
Otra.
Otra.
Nuevamente juntos.

– “¿Soy así de irresistible?“, preguntó ella con su voz provocadora.

Él se acercó a su cuerpo, movió sus caderas al ritmo de la música y miró su boca. No me tientes tú”, le dijo luego. Ella sonrió.

 Carro. 2:10 a.m.

Llegaron al parqueadero. Ella se quitó el cinturón y cogió su bolso. (“¿Lo hago o no lo hago?”)

“Gracias… Un placer, como siempre”.  (Mejor no…)

Él la abrazó y sus bocas fueron acercándose… Sus miradas intensas, ardientes, los desnudaron.

(Puta química. ¡Esto es más fuerte que yo!)

“Lo siento, no es mi mejor momento, no tengo un norte, mi soporte está flojo…. y tú te mereces lo mejor, no sólo algo muy bueno… Perdóname”, murmuró ella bajando los ojos y sin separarse.

Él cogió su cara entre sus manos y juntó por un segundo sus labios con los suyos… Un roce mínimo para lo que hubieran querido, pero al fin y al cabo inolvidable.

“Lo deseo como a nadie”, pensó ella al cerrar la puerta del carro…. Al llegar a su habitación leyó en su celular: “Debí haberte comido a besos… Me muero de ganas”.

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