El emisor y su discurso como agente alienante

La prensa en Colombia ha estado siempre “subyugada” a la política y a las élites. Tan es así que varios de los presidentes colombianos de la primera mitad del siglo XX comenzaron su carrera en el periodismo, como es el caso de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro. Además, es importante recordar que en el siglo XIX la prensa en este país fue 100% bipartidista. En ella, en la prensa, era en donde los líderes políticos enfatizaban sus ideologías a sus públicos ya también muy definidos.

Al parecer, dicho bipartidismo político en la prensa debió acabarse en el año 1958 cuando en el país comenzó el Frente Nacional (acuerdo político entre liberales y conservadores que pretendió que ambos partidos se turnaran la presidencia durante 16 años). Sin embargo, es sólo un parecer. El periódico El Colombiano es un ejemplo de que hay periódicos que aún siguen “violando” -a veces- la frontera entre la información y la opinión y, cómo no, de que el discurso está alienado por el emisor.

No es gratuito que, por ejemplo, Pascual Gaviria, columnista del periódico, fuera despedido durante tres ocasiones por “llevarle la contraria” al medio. Un medio que se supone que –según dice en su página- “defiende el sistema democrático, la descentralización, los derechos fundamentales de la persona, el pluralismo”. Esto respondió el columnista en una entrevista a unos estudiantes de la Universidad Eafit respecto a su segundo despido: La segunda vez, fue en octubre en la campaña pasada cuando escribí una columna sobre una audiencia pública sobre un proceso penal que me puso Luis Pérez, era una especie de crónica un poco burlona de esa audiencia de conciliación y El Colombiano no quiso publicarla. Dijo que no, que yo estaba un poco pasado, que por qué no la volvía a escribir. Yo sentí que el periódico en vez de apoyar al columnista en el medio, apoyaba era al político que había intentado vetar al periodista con una denuncia penal. Ahí fue otro distanciamiento, y de ingenuo, volví en enero cuando ellos me llamaron a decirme: “vos tenés absoluta libertad para escribir tus cosas”, y de hecho yo ingenuamente volví…”.Además, en la misma entrevista afirmó que: “El Colombiano fuera de ser un periódico de tendencia conservadora e ideológica, en lo político, el periódico tiene un sesgo religioso bien importante, lo cual marca sus opiniones y lo mueve hacia un lado o hacia el otro”.

“Lo mueve hacia un lado o hacia otro”. Eso está claro. En la edición digital del pasado 10 de diciembre, en la sección de política resulta curioso –e increíblemente absurdo- que la noticia sea la revista “resumen”. Es más, es inaudito que en un periódico de calidad como esEl Colombiano no haya ni siquiera más noticias en una sección. Y más curioso –y peor aún- resulta elhecho de que el contenido de dicha “noticia” contenga, en primer lugar, un titular tan absurdamente subjetivo y parcializado: “Santos se le metió a la gente”. ¿Descentralización? De ninguna manera. “Santos se le metió a la gente” y ellos “nos meten” a Santos. Y en segundo lugar, que su contenido sea igualmente tan parcial. Pero, ¿qué más podría esperar?. Un periódico conservador, unos dueños de izquierda y relaciones políticas con gente – obviamente- de izquierda, sólo podrían encaminar una sección política como esta y una idealización –hasta cómica- del ex presidente Álvaro Uribe y su sucesor Juan Manuel Santos.

Si yo como lector deseo estar informado sobre lo que ocurre en política y me encuentro con semejante información, me veré obligado a recurrir a otros medios para “satisfacer mis necesidades básicas”. Si lo hago, -como debí hacerlo yo- me encontraré con noticias que por lo menos conseguirán que yo me sienta informada. El Tiempo, publicó ese mismo día otras noticias: “’Sin comentarios’: Naranjo sobre cables de Wikileaks que lo mencionan”, “El director de la Policía recibió su cuarta estrella y un contundente espaldarazo del Presidente” y “Puntos clave de la ley del primer empleo y la formalización laboral”, por ejemplo.

Esta diferencia de discursos sólo puede hacernos concluir que éstos –aunque profesionalmente hablando no deberían- sí están en definitiva modelados por su emisor. Más allá de ser un emisor de un mensaje (noticia) por medio de un canal (periódico), el periódico “El Colombiano” está convertido en una “dictadura mediática” que no sólo aliena, sino que ultraja los derechos de libre expresión y de recibir buena información.

El sesgo de contenido y el monopolio de información del que ahora es “dueño” El Colombiano no sólo desmerita el periódico y la profesión, sino también el intelecto de los lectores. Está claro entonces que los emisores hacen parte de la cartografía mediática del planeta. Pero también está claro que el discurso de dicho emisor debería permitir a los lectores y/u oyentes que evalúen, construyan y tomen decisiones. ¿Qué pesa más? En la ética periodística está la respuesta.

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